Por Juan Antonio Pizarro (CEO Periplia)

 

¿Cómo terminar el año con una buena nota, de una manera positiva? Es posible que Usted, como fue mi caso durante muchos años, se esté haciendo esta pregunta.

Durante casi doce meses Usted ha perseguido unos objetivos junto a su equipo, con éxito o sin él. Ahora llega el momento de decirle adiós a un año que se va y que no volverá.

No sé con cuáles resultados terminó su año, pero cualquiera que éstos hayan sido, se encuentran dentro de las siguientes alternativas: buenos, regulares o malos.

Los buenos resultados puede incluir los extraordinarios, así como los malos incluir los pésimos.

Si fueron buenos (o extraordinarios), es el momento de celebrar y mantener el espíritu del equipo en ese nivel para el arranque del nuevo año en enero.

Si fueron regulares, es el momento de celebrar las cosas que se hicieron bien.

Si fueron malos (o pésimos), es el momento de celebrar que este año ya finalizó y que el próximo le va a dar la oportunidad de jugar el partido de vuelta. Sólo podrá ganar este nuevo partido si lo encara con una nueva actitud.

La palabra clave, como se habrá dado cuenta, es celebrar. Eso que debe hacer en compañía de su equipo, con independencia de los resultados obtenidos: buenos, regulares o malos.

Con un equipo extraordinario que tuve en la etapa final de mi vida como Vicepresidente de Recursos Humanos de una gran multinacional, elevamos esa celebración a nivel de rito. Lo hicimos porque los ritos no dependen de nada exterior para celebrarse. Se celebran, llueve, truene o relampaguee.

Nuestro rito era sencillo: todo el equipo se reunía en un ambiente informal, todos sentados en el suelo, en circulo, y disponíamos de un papelógrafo o tablero donde anotar. ¿Qué anotábamos? Todas las cosas buenas que habíamos realizado, aprendido u obtenido durante el año. Así lo hacíamos pero Usted puede adecuarlo a su cultura, lo importante es hacerlo.

Las reglas eran simples: la primera y la más importante, solo, y enfatizo, solo mencionábamos las cosas buenas. No olvidábamos a las malas; simplemente las dejábamos en remojo como insumo para un ejercicio más formal de planeación. Segunda, a cada cosa buena, en la que estuviéramos de acuerdo la aplaudíamos, la celebrábamos. Tercero, el ambiente era informal, sin otra agenda que la de celebrar.

Un ritual de este tipo tiene grandes ventajas para un equipo empresarial como el que Usted maneja. Voy a mencionar tres. Usted tendrá que descubrir las otras:

  1. Permite cerrar el año de una buena manera. Si le ha ido bien, su gente quizá necesite relajarse para poner todo en perspectiva y dejar atrás el cansancio y la tensión. Si le ha ido regular o mal, los ceños fruncidos o las malas caras deben desaparecer: con ellos el próximo año no pintará mejor que el que acaba de pasar.
  2. Un ritual de este tipo trae sonrisas o risas al equipo. Las risas, como descubrió hace años un científico que se ganó un Premio Nobel, son el mejor indicador de un equipo ganador. El suyo lo es a pesar del mal año que está por terminar. (Y si no lo es, celebre cambiándolo: un mal equipo solo va a traer malos resultados).
  3. Permite escarbar hondo y conocer cosas buenas, positivas, que posiblemente Usted pasó por alto en el fragor de los negocios. Esas cosas positivas le van a dar una nueva perspectiva sobre el año que pasó y sobre las personas de su equipo.

En definitiva, diciembre es para celebrar, en equipo.

Postdata: Si algo aprendió o le gustó de este escrito, por favor deje un “me gusta” y aún mejor, un comentario. Si no le gustó, me encantaría conocer su opinión.

 

diciembre 8, 2014