Ya tiene definidos los objetivos y ¿ahora qué? Póngales una medida, un indicador a cada uno, que le permita saber el nivel de esfuerzo que debe hacer y los recursos humanos, financieros, tecnológicos de los que debe disponer. Finalmente, impóngase una disciplina para alcanzar la meta llueve, truene o relampaguee.

Entre más específicos el objetivo, y el indicador, tanto mejor.

A principios del siglo pasado dos hombres, el noruego Roald Amundsen y el británico Robert F. Scott, se pusieron la misma meta: ser los primeros en llegar al Polo Sur. Los dos llegaron con una diferencia de 34 días. Uno de ellos, Amundsen, no solo llegó primero sino que volvió con todos sus hombres vivos. El otro, Scott, llegó segundo pero murió junto con todos sus hombres en un regreso tormentoso y fallido.

¿Qué marcó la diferencia? No fue el objetivo, que era el mismo. No fueron los recursos financieros, pues Scott tenía el respaldo del mayor imperio del momento: el Británico. Tampoco fueron las condiciones externas: ambas expediciones arrancaron de sus respectivas bases con 11 días de diferencia.

Las grandes diferencias fueron: la escogencia de los recursos (perros no ponis, expertos esquiadores, entre otros); la planeación de la expedición; y, por encima de todo, la disciplina en la persecución de la meta.

Jim Collins en su último libro, Great by Choice, sostiene que si bien no podemos predecir el futuro si lo podemos crear.

Crearlo para su empresa significa establecer unos objetivo claros (“llegar al Polo Sur”); definir los recursos necesarios y adecuados para lograr el objetivo (“perros versus ponis”); y, establecer la forma disciplinada para alcanzarlos (“vamos a recorrer 20 millas diarias en la peor de las tormentas o en medio de un día radiante”).

En el caso de las empresas colombianas creo que la mayor dificultad no estriba en alcanzar los resultados en épocas difíciles, sino en restringirse en los buenos momentos.

La tercera regla es entonces definir los indicadores que van a permitir: primero, definir los recursos y el nivel de esfuerzo necesario para alcanzar el objetivo; y, segundo, medir los avances y logros de ese mismo objetivo.

Si yo fuera entrenador de fútbol de la Selección Colombia y el objetivo fuera ganar la próxima copa América tendría que definir cuáles indicadores me dan una idea de mis avances. Alguno dirá que el indicador es obvio: puntos por partido ganado. Pero, puede que para llegar al objetivo otros indicadores sean más pertinentes. Por ejemplo, goles por partido, si el equipo se basa en su poder ofensivo, o goles en contra si la fortaleza está en la defensa y en el arquero.

Incluso es posible que otros indicadores digan más acerca de porqué el equipo está anotando los goles que necesita para ganar: número de asistencias, número de pases completados, etc.

A los indicadores vale la pena dedicarles un tiempo para no caer en la tentación de lo obvio, pues a veces lo obvio puede ocultarnos lo crítico para alcanzar las metas propuestas.

Los indicadores le deben servir de medida y de acicate para ponerle atención y disciplinarse en lo realmente importante, que puede no ser saber cuántos partidos ganó sino cómo los ganó.

enero 5, 2015