En el año 334 antes de Cristo, Alejandro Magno acepta el Imperio Persa como un regalo de los dioses lanzando su lanza antes de desembarcar en las costas de la actual Turquía. Su objetivo era claro: conquistar un imperio que abarcara lo que entonces se conocía del mundo. Y lo hizo venciendo ejércitos, como el persa, que doblaban el suyo en número y en armamento.

¿Cómo lo lograba? ¿Qué podemos aprender de Alejandro para lograr nuestras propias metas?

Por un lado, tenía una visión clara de lo que quería lograr, una estrategia para convertir esa visión en realidad y un gran manejo de los recursos a su disposición para apoyar la estrategia.

Dentro de los recursos, el más importante era el ejercito de macedonios y griegos conformado por generales y soldados curtidos y dispuestos a acompañarlo, literalmente, hasta el fin del mundo, como en efecto lo hicieron.

Ese compromiso y fervor, casi religioso, de sus hombres venía de tres cosas que Alejandro hacía (y que Usted puede replicar con su propia gente): lideraba todas las batallas, era cercano a todos en su ejercito y les comunicaba su visión y objetivos. En esto radicaba la diferencia frente a sus enemigos, diferencia que le permitió ganar batallas donde sus 40.000 soldados debían enfrentar a 80.000 o 100.000 del enemigo.

Usted ya tiene claros y cuantificados los objetivos por lograr este año, la forma como esos objetivos van a profundizar su ventaja competitiva diferenciando sus productos de los de la competencia en la mente de sus clientes y la forma cómo va a medir el avance y el alcance de los objetivos. Si el ejercicio se ha realizado bien, también tiene una idea clara acerca de los recursos necesarios para desarrollar su estrategia de manera exitosa. Entonces, ¿qué le hace falta?

Para redondear la faena hacen falta dos cosas: una, comunicar a todos los miembros de la organización los objetivos para el 2015; y, dos, que estos los hagan suyos, se los apropien definiendo de manera individual cómo van a contribuir al logro de los mismos.

Hay muchas formas de comunicar que usted debe usar de acuerdo a las necesidades específicas del contenido y alcance de lo que va a comunicar. En este caso especifico comunicar no es simplemente informar.

El fin de la comunicación en este caso es, reitero, que todas las personas de su empresa se hagan dueños de los objetivos y se comprometan con alma, vida  y sombrero a lograrlos.

Para que eso ocurra la comunicación debe lograr: primero, que las personas le encuentren sentido a los objetivos pues estos son consistentes con los valores y la estrategia de la empresa; segundo, que los objetivos sean exigentes al punto de que estimulen la voluntad y la imaginación de todos pero que sean alcanzables con los recursos y las capacidades de las personas; y, tercero, que alcanzarlos o no alcanzarlos traiga consecuencias buenas (zanahoria) en el primer caso o malas (garrote) en el segundo.

La ventaja de Alejandro para motivar en este último punto era clara: sus soldados sabían que si ganaban había vida y tesoros al final del camino, pero si perdían solo muerte y miseria.

Usted, afortunadamente, puede tener una labor más difícil pero mucho menos trágica y puede superar como líder a Alejandro Magno, creando una empresa que perdure y que no se desmorone a su muerte como el Imperio que él conquistó.

enero 9, 2015