Para algunos esto puede sonar tan complicado como la cuadratura del círculo. Pues para ellos este es un proceso que sabe a lo que a los niños le sabía la Emulsión de Scott. La sola descripción, aceite de hígado de bacalao, ocasionaba arcadas, ganas de trasbocar.(*)

 La gestión del desempeño, a pesar del nombre, no tiene por qué producirnos los mismos efectos. Puede ser divertida, no en el sentido cómico de la palabra, sino en el sentido de algo que produce gusto y deja un buen  sabor, como el que dejan las buenas conversaciones.

El proceso de gestión del desempeño es eso exactamente, una conversación que se prolonga y enriquece en el tiempo.

Al pensar la gestión del desempeño como una conversación le estamos quitando el elemento burocrático que la hace tremendamente aburrida: un instrumento que tenemos que llenar para complacer a la alta dirección o, lo que es peor, para complacer al área de Recursos Humanos.

El instrumento es solo eso, un instrumento, una herramienta para universalizar, estandarizar y recoger las conversaciones. En ese sentido, es algo necesario pero no necesariamente divertido. La conversación, también necesaria, no solo puede sino debe tener elementos que la hagan divertida.

¿Cuáles son esos elementos?

Una conversación inicial que gire en torno: a la empresa, sus ventajas competitivas, sus valores, sus objetivos y su estructura; al rol de trabajador en la empresa, a sus propios valores y objetivos, a su carrera y cómo la puede potenciar dentro de la empresa; a las metas laborales del trabajador alineados con los objetivos de la empresa para hacer realidad estos últimos; a las competencias y los recursos  necesarios para completar exitosamente las metas individuales; y, finalmente, a la forma como se va a medir el logro de los objetivos y las consecuencias de alcanzarlos o de no hacerlo.

Hablar, platicar como dicen los mexicanos, sobre una organización, un cargo, un trabajo que nos gusta es siempre divertido. Ahora si no nos gusta, nunca va a ser divertido, caso en el cual tenemos dos caminos: uno, dejar ese trabajo que no nos satisface o, la otra, tomarle gusto a lo que hacemos. El gran poeta alemán Goethe lo dice mejor: “La bendición de la vida consiste no en hacer lo que nos gusta, sino en amar lo que debemos hacer.”

La otra ventaja de hacer de la gestión de desempeño una conversación permanente, extendida en el tiempo, es evitar sorpresas en el momento de la evaluación del desempeño. En el trabajo las sorpresas tienden a no ser divertidas, y menos cuando se trata de evaluar el desempeño de alguien. Si ese desempeño no ha sido objeto de un seguimiento, que se refleje en conversaciones entre jefe y reporte (**), la posibilidad de sorpresas por diferencias en la percepción sobre el desempeño de este último son muy probables.

Si usted y su empresa quieren hacer más productivo (y divertido) el proceso de gestión de desempeño con un método y una herramienta que son efectivos no dude en contactarme al +573153310005, al correo juanantonio.pizarro@periplia.com o a través de nuestra página www.periplia.com.

(*) Un publicista moderno posiblemente mente se habría opuesto a este nombre, aceite de hígado de bacalao, por considerarlo poco atractivo. Yo, por el contrario, creo que tenía un gran efecto en las mentes de nuestros abuelos y padres: algo tan feo debía tener efectos positivos para los niños.

(**) Prefiero este término al de subordinado o empleado, pero usted lo puede reemplazar por uno de ellos o por otro que se ajuste mejor a la cultura de su empresa.

enero 23, 2015