Gracias por estar hoy conmigo. El que usted esté aquí, leyendo este blog, es porque sabe de la importancia de las personas en su empresa. Y quiero felicitarlo por ello.

Muchas personas declaran que el activo más importante de sus empresas son las personas, pero no todas se toman el tiempo de profundizar en este tema como lo está haciendo usted.

Yo, al igual que usted, me he preguntado muchas veces cómo influir sobre las personas para que se comprometan más con la organización y sean más productivas.  Al igual que usted, entiendo que existe una relación causal entre productividad y compromiso.

Y al igual que usted, sé que entre más tengamos de una cosa, más tendremos de la otra. Mayor compromiso, más productividad. Mayor productividad, más compromiso.

Si recuerda bien cada vez que empezó un nuevo trabajo, desde el primer día quiso dar siempre lo mejor de sí. Y que ese impulso, esa motivación se hacían más fuertes en la medida en que lograba los resultados individuales que contribuían a los resultados colectivos de la empresa.

Seguramente no es su caso, pero en el caso de otras personas, como usted bien sabe, ese impulso inicial va disminuyendo a medida que pasa el tiempo. La persona no logra integrarse a la empresa, siente que sus intereses van por un lado y los de la empresa van por otro. No ve un futuro claro pues no piensa que se esté desarrollando como persona o como profesional.

Este proceso de distanciamiento se va volviendo un círculo vicioso y genera así una reacción negativa en las demás personas de la empresa y en esta como conjunto. La persona es vista como alguien no comprometido, que no se esfuerza y que no entrega lo mejor de sí mismo para el logro de las metas de la organización.

Una vez arranca este proceso no es fácil revertirlo. Es como una bola de nieve que se echa a rodar cuesta abajo, y a medida que baja va acumulando cada vez más masa y velocidad.

Es mucho más fácil empezar bien desde que la persona se incorpora a la empresa. Y aquí uso un término más fuerte que el de ingresar, que es el que normalmente usamos cuando alguien entra a la empresa.   Ingresar es “entrar a formar parte de un grupo, conjunto o institución.” No exige mucho ni de la persona ni de la empresa.  Incorporar, por su parte, es “unir una cosa a otra de manera que formen un todo homogéneo.” Aquí hay una exigencia para ambas partes, para la persona y para la empresa, si se quieren volver  un todo.

Para incorporar  a las personas a nuestra empresa debemos primero, conocernos como empresa, saber quiénes somos, hacia dónde vamos y qué capacidades debemos tener para alcanzar nuestras metas.

Y saber quiénes, qué personas tienen las competencias, la actitud, los conocimientos y la experiencia para ayudarnos a llegar a nuestro destino.  Y este destino es siempre cambiante en la medida en que alcanzamos nuestras metas o las modificamos, lo que exige no solo que las personas se identifiquen con la organización, se apropien de ella, y se adapten a medida que está se va transformando sin perder su esencia.

Atraer a las personas adecuadas y Alinearlas con la visión de la empresa y con su estrategia para hacer realidad esa visión son dos dimensiones del Método Periplia.

Si quiere conocer más de Periplia y de su Método contáctenos en https://periplia.com/contacto/  o a el correo  admin@periplia.com o directamente al +57 315 331-0005 o al +57 315 331-0382.

junio 19, 2014