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No lo dude: el compromiso es simétrico

Por Juan Antonio Pizarro

Las empresas modernas saben que el compromiso no es lo que los gringos llaman un “given”, como lo era en otras épocas: algo que se daba automáticamente por el solo hecho de contratar a una persona pagándole un salario. Hoy ese compromiso hay que ganarlo. Y solo se gana como respuesta al compromiso demostrado de la empresa con la persona.

El respeto mutuo es quizá la finalidad de todas las relaciones humanas, profesionales y hasta amorosas. La confianza permite que el compromiso en el trabajo fluya de manera orgánica, pero cuidado, porque esta sensación debe ser recíproca. Las compañías deben preocuparse cada vez más por brindarle a sus trabajadores las garantías para que esté comprometido, quiera ponerse la camiseta por su trabajo y permanecer allí con el mismo entusiasmo, cada día.

A raíz de este breve escrito sobre el compromiso en una empresa, que publiqué hace poco en Facebook[1]:

La gente comprometida:

1.- Quiere, necesita ganar para ella misma y para la empresa. Por eso su productividad es más alta que la de los no comprometidos.

2.- Tiende a cuidar mejor los bienes de la empresa, lo que no siempre es equivalente a gastar menos pero siempre es igual a ganar más.

3.- Ve el lunes como un gran día.

4.- No se va de donde está contenta, de donde tiene oportunidades de crecimiento personal y profesional.

5.- Transmite su pasión, su entusiasmo a sus compañeros de trabajo y a sus clientes.”

 Recibí este comentario de David Dallos:

“PERFECTO, PERO EN DOBLE VIA”

 Y esta fue mi respuesta al comentario de David:

“Totalmente de acuerdo: el compromiso de las personas con la empresa debe ser reflejo del compromiso de la empresa con las personas.”

Relaciones más humanas, compromisos reales

Las relaciones de trabajo, al igual que los matrimonios modernos, deben ser eternos mientras duren. La exigencia entonces no debe ser que dure toda la vida, pero sí que, mientras dure, entregue valor para las dos partes: empleado y empresa.

Si la empresa quiere que sus empleados le entreguen sin ambages, mientras dure la relación de trabajo, su talento, capacidad y dedicación, tiene que brindarles una organización y un ambiente de trabajo adecuado para que ellos se desarrollen como profesionales y como personas.

Esto permite a las dos partes percibir todo el valor que deben recibir durante el tiempo que están juntos y capitalizar ese valor: la empresa con mejor organización, mejores productos y mejor servicio y el empleado con un mayor nivel de empleabilidad[2].

Los trabajadores están donde quieren y no donde les toca

La persona puede usar su empleabilidad para desplegar una carrera dentro de la misma empresa, para buscar y encontrar trabajo en otra o para ponerla al servicio de su propio emprendimiento. Pero el compromiso en el trabajo depende solo de la motivación que perciba en la relación doble vía que sostiene con la empresa a la que le entrega su talento y esa no es una cuestión menor, pues si no recibe de vuelta una retroalimentación sincera, sentirá que se quiebra la confianza y querrá ir a otro lugar.

Muchas empresas, enganchadas en el pasado, temen desarrollar la empleabilidad de las personas que trabajan para ellas con lo que se están pegando un tiro en el pie: terminan con personas poco talentosas, nada comprometidas y poco productivas. Una mala fórmula para competir en el mundo moderno.

Como ve, hay muchas perspectivas para pensar en que el compromiso en el trabajo, debe construirse todos los días. La exigencia que le otorga al trabajador debe ir acompañada de confianza y respeto. Haga que su equipo se sienta motivado y brindele el empoderamiento que requiere; sentir la responsabilidad es una palmada en la espalda para que el colaborador talentoso se la juegue toda y quiera permanecer en su organización. Progresar y alcanzar el éxito, es un compromiso… !de todos!