Por Juan Antonio Pizarro, CEO Periplia

 

Caterine Ibarguen
REUTERS/Dominic Ebenbichler*

–        Ibargüen: “Entrenador, he estado pensándolo bien y no quiero que volvamos a medir mis saltos en las prácticas. Me estresa”.

–        Entrenador: “Como tú digas, Caterine, no quiero verte estresada”.

–        Ibargüen: “Es más, en el próximo encuentro en Los Ángeles  voy a pedir a mis contrincantes hacer una solicitud a la Federación para abolir las marcas en los competencias de clase mundial”.

–        Entrenador: “¡Genial!”

–        Ibargüen: “Si los dirigentes no lo aceptan, nos vamos… ¡A la huelga!”

 

Este diálogo, como es obvio, no se ha dado ni se va a dar. Caterine Ibargüen es campeona mundial y a los campeones les encanta, más aun, viven para ser medidos. Ella, al igual que Nairo Quintana o James Rodríguez, sabe que lo único que la distingue de los demás son los resultados y esos resultados tienen que ser medibles. No son campeones por las ganas (que les sobran), ni por el esfuerzo (que realizan hasta quedar exhaustos). Son campeones por los resultados.

Por el contrario, a los mediocres no les gusta ser medidos pues para ellos lo importante no son los resultados sino el número de horas que pasan calentando asiento diariamente. Les encanta que digan de ellos: “El pobrecito no consigue resultados, pero es tan cumplido y se esfuerza tanto.”, pero odian las evaluaciones pues saben que con ellas quedarán al desnudo sus limitaciones y su falta de foco y de interés.

Los mediocres se esconden siempre detrás de algo: de los pantalones (o faldas) de  jefes paternalistas que los acogen y protegen pues nunca van a poner en peligro su poder o su autoridad, o del sindicato que pregona a gritos la consigna trasnochada de “a trabajo igual, salario igual”, convencido de su papel trascendental de defender a ultranza la mediocridad colectiva.

Un jefe que tuve, con quien no me llevé especialmente bien pero de quien aprendí cosas importantes, me decía que una de las características más importantes de las personas con alto potencial es su interés permanente en recibir retroalimentación. Cada vez que realizan una tarea quieren saber qué lograron,  cómo lo hicieron, cómo los perciben los demás, etc., de manera que puedan corregir errores y hacerlo mejor, mucho mejor, la próxima vez.

Las personas de alto potencial, al igual que los mejores atletas, después de cada gran salto suben la barra. Los mediocres quieren que la barra desaparezca de manera mágica.

 

*Imagen tomada de: http://www.espanol.rfi.fr/deportes/20130816-catherine-ibarguen-salto-la-gloria

julio 31, 2015